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Los Sacadores de Lobos en las Sierras de Aledo-Totana

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Los Sacadores de Lobos en las Sierras de Aledo-Totana

Publicado en Guardabosques nº 28. Abril de 2005.

 

El lobo, una especie desaparecida ya de los montes de Murcia desde hace aproximadamente un siglo, llegó a ser tan común en algunas comarcas durante el XVII y XVIII que el control de sus poblaciones para proteger el ganado, por métodos que ahora nos producen cierta conmoción, llegó a constituir una profesión. Los sacadores de lobos eran el recurso de los concejos para reducir la presencia de este cánido; en ello abundan los autores que han buceado en diversas actas y registros para extraer esta magnífica documentación histórica sobre el acoso en las sierras murcianas de Aledo-Totana a una especie que sigue sembrando temores y pasiones en nuestro medio natural.

Francisco Martínez Fernández (Agente Forestal)

José Antonio Sánchez Pravia

 Lobo no come lobo,

hombre sí come hombre.

 Proverbio antiguo

Para saber algo de las andanzas del lobo en Aledo-Totana[1]no basta con acudir a los más ancianos y escuchar sus vivencias o relatos acerca de este animal. Necesariamente tenemos que remontarnos mucho en el tiempo, pues  el  lobo desapareció hace tantos años que su imagen está ausente de la memoria colectiva. Hoy, tan sólo algunos topónimos custodian el recuerdo de su paso por nuestros parajes: Fuente del Lobo, Collado del Lobo, Cueva del Lobo Rabote, Cabezuela de los Lobos...

El lobo fue nuestro vecino durante milenios. Y no llegó a entrometerse en los asuntos de los hombres hasta hace varias centurias, cuando éstos se tornaron más agresivos con el medio que les rodeaba[2]. La política ambiental del siglo XVIII fue digna de aplauso en su intento de conservar los bosques a través de distintas ordenanzas, aunque los logros fueran más bien escasos, pero tuvo sus sombras en relación con la fauna, al seguir manteniendo medidas de protección de la ganadería que subvencionaban el exterminio de los lobos y, desde final de siglo, el acoso a otras especies (zorro, gineta, águila, etc), y al alentar sin desmayo las matanzas de pequeñas aves consideradas entonces perjudiciales para la agricultura.

El sacador de lobos del concejo de Aledo-Totana, lobero profesional, personifica el empeño de la administración en proteger los intereses de los más interesados, siempre por el bien de la comunidad como telón de fondo, en este caso liberando a los ganados del único depredador que hacía sombra al hombre, y al hombre de sus miedos atávicos.

El presente trabajo tiene como propósito mostrar la relación entre hombre y lobo en la comarca aledanototanera en su recta final, es decir, durante los siglos XVIII y XIX.

 Antecedentes

La persecución del lobo en Aledo-Totana no aparece documentada hasta 1553[3], pero probablemente se remonta bastante en el tiempo. En algunos lugares del reino murciano hay noticias de gratificaciones por la muerte de lobos en la etapa bajomedieval, así en la ciudad de Murcia desde el siglo XIV (TORRES, 1988: 435) y en Lorca a finales del XV (JIMÉNEZ, 1997: 113). En nuestro ámbito de estudio constatamos importantes cazas entre la segunda mitad del siglo XVI y el primer cuarto del XVII[4]. En 1578, por ejemplo, fueron abatidos cincuenta y siete lobeznos, cinco lobos y una loba, por los que se pagaron 237 reales. Ese mismo año se había modificado la cuantía del premio por la captura de estos animales: de un ducado la camada, independientemente de la cantidad de sus componentes, pasamos a tres reales el lobezno[5]. Hasta finales del siglo XVIII, en que el Estado fija un premio unitario para cada ejemplar, los ayuntamientos establecían su propia política respecto al lobo, aumentando o congelando los premios[6].

Los sacadores de lobos

Aunque la figura del sacador de lobos existiera desde tiempo atrás, será a partir de 1681 cuando cobre mayor relevancia[7]: Dijeron que por cuanto en el término de esta villa hay mucha cría de lobos que entran en las haciendas, y para poner remedio y que se maten dichos lobos, conviene nombrar personas para que los saquen y busquen y maten dichos lobos, y para ello nombraron para dicho efecto a Roque Martínez Ergueta y Juan Martínez, yerno de Peñas, vecinos de esta villa y Alonso Martínez, hijo de Tomás Martínez, y Juan de Cánovas Guevara, vecinos de esta villa y la de Aledo, a los cuales se les notifique (…)y desde luego los hacen libres de pechos concejiles y otro género de padrones que estén a cargo de esta villa. Desde esta fecha, el sacador de lobos se elegirá anualmente hasta 1757, última oportunidad en la que es registrado tal nombramiento. Esta tarea era desempeñada por dos hombres, a quienes se exoneraba de determinados impuestos además de abonárseles las piezas que capturaran. Si bien no existía impedimento para que cualquier persona apresase lobos, hasta mediados del Setecientos las únicas recompensas acreditadas son para los sacadores nombrados por el ayuntamiento. Hemos podido comprobar que, andando los años, el puesto fue prácticamente monopolizado por vecinos de Aledo, y que estuvo en manos de varias familias, los Tudela (Damián, Ginés y José) y los Andreo (Juan y Marcos).

Hacia mitad del siglo XVIII hay un considerable aumento de cazadores profesionales de lobos, los loberos, merodeando por el territorio aledanototanero. Este hecho coincidió en el tiempo con la supresión definitiva del cargo municipal de sacador de lobos, y pudo ser causante directo de la misma. A partir de 1747 comienzan a dar señales de vida loberos de otros municipios (Mula, Lorca, Cieza, Alhama, Jumilla y Bullas), los cuales relegarán a un segundo plano a los cazadores locales; de doscientos sesenta y nueve lobos cazados entre 1753 y 1760, sólo dos adultos y doce lobeznos obraban en poder de éstos últimos. Algunos loberos foráneos también pertenecían a familias de cazadores, así los Ríos de Mula. En suma, los datos que manejamos parecen indicar que la caza del lobo estuvo en manos de profesionales. Hacerse con el pellejo de estos inteligentes cánidos, huidizos y de hábitos nocturnos, requería cazadores experimentados, buenos conocedores tanto de su comportamiento como del medio natural donde solían desenvolverse (zonas de cría, pasos habituales, fuentes, etc).

Batidas y venenos

La batida era uno de los métodos empleados para la caza del lobo. Consistía en congregar a una serie de vecinos que recorrían zonas de monte con el fin de sacar al animal de su guarida y conducirle hacia lugares predeterminados, donde esperaban hombres armados o se habían colocado trampas o existían cortados y precipicios por los cuales se despeñaba debido al hostigamiento del grupo. El éxito de la actividad dependía, entre otros factores, del número de participantes; cuanto mayor fuese, menores serían las vías de escape del perseguido. Esta estrategia fue ampliamente utilizada en el norte de España; allí, incluso se construyeron corredores de altos muros de piedra que iban convergiendo hacia una trampa, llamados callejos, hoyas y cortellos (GRANDE, 2000). Organizar una batida era privilegio de las Justicias de los pueblos, confirmado a lo largo del tiempo por distintas normativas reales, y tendrá su desarrollo definitivo en 1788 mediante un reglamento que detalla cuestiones como las batidas a celebrar en el año, la obligación de realizarlas en un mismo día y hora en los distintos partidos, y el gasto, reducido a las precisas municiones de pólvora y balas y a un refresco de pan, queso y vino[8]. La disposición fue derogada unos años más tarde porque las batidas y monterías sólo servían para diversión y recreo de los que en ellas se empleaban, y que se consumían sin utilidad muy crecidas cantidades de los caudales públicos[9]. Esta modalidad de caza tuvo escaso eco en Aledo-Totana; sólo tenemos documentada una a mediados de Setecientos[10]. En 1813 hay un amago de las autoridades locales de Totana para llevar a término otra en cumplimiento de las disposiciones del parlamento gaditano[11]: Se ha visto el acuerdo de las Cortes generales y extraordinarias comunicado por el jefe político con fecha once de agosto relativo a la matanza y exterminio, si es posible, de lobos y demás animales carnívoros, y en atención a que en la jurisdicción de esta villa se experimenta tanta multitud de aquéllos, que se atreven a introducirse en el pueblo, causando además gravísimos quebrantos en ganados y animales, acordaron se guarde y cumpla y ejecute en todas sus partes y que se consulte a la Diputación Provincial para que se sirva permitir, con arreglo al capítulo 2º, que a costa del fondo de propios se gaste lo necesario para echar batidas en persecución de lobos y demás animales nocivos, siendo este el único medio por el que podrá lograse la disminución (…).

No tenemos constancia del empleo de venenos contra el lobo en el siglo XVIII; ni en las cuentas de propios ni en las actas capitulares aparecen pagos a los herreros de la localidad, encargados de preparar la zaraza[12]. Sin embargo creemos que se utilizarían porque fue un procedimiento generalizado en otros lugares para aniquilar toda clase de animales dañinos. Como veremos más adelante, el uso abusivo de la estricnina cubrió de luto el mundo de los depredadores.

 ¡Qué viene el lobo!

Si tenemos en cuenta la energía derrochada en contra del lobo, sorprende que en el periodo abordado, casi dos siglos, no hayamos encontrado alusiones relativas a los daños que hipotéticamente debió ocasionar. Entre las múltiples quejas y reclamaciones elevadas por los ganaderos al ayuntamiento en demanda de protección, ninguna hace referencia a quebrantos motivados por el lobo. Sus exigencias están orientadas hacia los perjuicios que sufren por estrechamientos y roturaciones de veredas, desaparición de abrevaderos, falta de pastos, rivalidad con los ganaderos trashumantes, etc[13]. En su descargo podemos decir que el ayuntamiento hacía cuanto estaba en sus manos para que dicha amenaza no existiera. Las únicas pérdidas contrastadas son las de caballos (estaban muy controlados y eran seguidos individualmente por su utilidad para fines militares). Entre 1746 y 1776[14]los lobos acabaron con once ejemplares, ocho de ellos potros menores de un año y tres yeguas[15]. Esto sucedía en una dehesa caballar creada en pleno corazón de Sierra Espuña, entre los parajes de los Pozos de la Nieve, Morrón y Malvariche[16], zona lobera por excelencia; en este caso es lícito comentar que se metió al caballo en la boca del lobo.

 Capturas

Disponemos de un cuadro bastante completo de los desembolsos que hizo el concejo de Aledo-Totana por la matanza de lobos a lo largo del siglo XVIII, sin embargo nuestro conocimiento de la composición de las capturas es parcial. Desde 1732[17]hasta 1760, excepto ocho años en blanco, los libros de propios detallan la cifra de lobos cazados, la fecha de su captura, el sexo y grado de madurez del animal (hembra, macho, cría), el nombre y vecindad del cazador, el dinero recibido y, en ocasiones, el paraje donde se efectuó el abatimiento. A partir de 1760 únicamente se anota la cantidad total que el ayuntamiento ha pagado por las capturas, sin consignar otras circunstancias. De nuevo en los años finales del siglo, en la sección de libramientos, vuelven a hacerse puntualizaciones al respecto aunque sin indicar la totalidad de los premios pagados.

Como ejemplo de referencia de la caza del lobo en Aledo-Totana hemos analizado el periodo de ocho años que transcurre entre 1753 y 1760, porque registra minuciosamente dicha actividad y coincide con los años de mayores capturas del siglo.

El total de lobos eliminados en dicho periodo fue de doscientos sesenta y nueve. Llama la atención observar que la mayoría eran cachorros, doscientos cuarenta y uno, seguidos muy de lejos por los adultos, dieciocho machos y diez hembras. Al acertado decir de Tristán García (2000: 259), habría que calificar a estos cazadores como lobezneros más que loberos, ya que su actividad iba dirigida a recolectar año tras año las camadas y, ocasionalmente, abatían algún adulto. Lo tenían fácil, pues las lobas suelen elegir las mismas zonas para criar y a veces hasta los mismos cubiles (GRANDE, 2000: 75).Esta maniobra aún era más evidente en el vecino pueblo de Alhama, porque desde 1764 a 1782 se mataron ciento treinta lobeznos, tres lobos y tres lobas[18].

La táctica de primar la captura de camadas de lobeznos, o lechigadas, concentraba las temporadas de caza en época de cría. Durante nuestro periodo de estudio, el 74% del total de abatimientos se realizó en los meses de mayo y junio, y un 22’5% repartido entre julio, agosto y septiembre. En febrero y noviembre no hubo ninguna baja.

Si establecemos un podio de cazadores más premiados, el primer lugar lo ocuparía José Portero, de Alhama, con noventa y cinco lobeznos y doce lobos adultos; en segundo lugar estaría Andrés Ríos, de Mula, con sesenta y siete lobeznos y cuatro lobos; y en un meritorio tercer puesto, Juan Ríos, también de Mula, con veintisiete lobeznos y cuatro lobos.

La mayor parte de lobos caídos dentro del término de Aledo-Totana provenían de Sierra Espuña, ciento sesenta y ocho en total; los parajes más citados en sus capturas eran zonas abruptas y lejanas como el Morrón y Malvariche. El resto de piezas cobradas se repartía entre la sierra de Chíchar y el Llano de las Cabras. Pero no todos los ejemplares presentados en el ayuntamiento fueron muertos en el municipio; tenemos constancia de que ochenta y nueve se cobraron en jurisdicciones limítrofes, sobre todo en Alhama, seguida de Lorca. En algunos casos sólo sabemos que provenían del exterior.

 El fin del lobo

Con las cifras en la mano, lo primero que salta a la vista es la perseverancia en la persecución del lobo, la atroz sangría de cada año, el inquebrantable tesón puesto en lograr su exterminio. Ni siquiera durante la Guerra de Independencia se detuvo la implacable maquinaria.

La caza del lobo no decayó porque estuvo subvencionada por las administraciones. Aún así, el ayuntamiento de Aledo-Totana se vio obligado a nombrar loberos oficiales cuando el importe por las capturas no era interesante. Incluso a estos profesionales había que ofrecerles un estímulo económico en alguna ocasión[19]: Por cuanto se ha experimentado que los sacadores de lobos trabajan poco en busca y saca de los salvajes, se acordó se les dé dos ducados por cada cabeza mayor y medio por cada cachorro.

En nuestra área de estudio, al menos durante la Edad Moderna, el lobo no fue un problema para el pueblo llano, y éste no participó en su exterminio. En la documentación escrita que se conserva están ausentes dos indicadores fiables que prueban lo anterior: ni se escucha la voz de la gente lamentándose de los estragos causados por este animal, ni descubrimos frecuentes batidas, que requerían la asistencia de numerosos vecinos. Para la mayoría de éstos el lobo tenía escaso interés. Apoya esta realidad el dato de que, desde mitad del siglo XVIII, quienes se dedicaron a darle caza fueron forasteros mayoritariamente.

Ahora bien, el lobo se convertía en verdadero enemigo cuando su cabeza alcanzaba un precio goloso; precio y maldad del animal iban juntos. En este sentido comprobamos cómo en la primera mitad del siglo XVIII, y quizá en el anterior, el número de capturas fue reducido, a nuestro juicio debido a la falta de motivación económica, y justo a partir de 1747, una vez elevado el premio por los lobeznos, la matanza se disparó[20]. Las fuertes subidas que se observan en los gastos de propios del ayuntamiento en los años 1788 y 1795 se debieron al alza de precios y a la inclusión como animales dañinos de las zorras, en el primer caso, y de cualquier otro depredador en el segundo. En el año 1796 las arcas municipales desembolsaron 9196 reales, la cifra más alta conocida hecha efectiva por esta actividad en la historia de la villa[21]; pero el lobo muerto ya no era el protagonista indiscutible en los papeles.

Puede afirmarse que a finales del siglo XVIII el lobo estaba sentenciado a no dejar más huella en este territorio en un futuro inmediato. Creemos que la fuerte presión ejercida sobre sus camadas a lo largo de la segunda mitad del Setecientos había dado fruto asfixiando su reproducción[22]. Desde entonces, pasará a ser una especie rara en nuestros campos, desapareciendo definitivamente en la segunda mitad del siglo XIX[23].

En 1850 se edita el tomo correspondiente a la región murciana del Diccionario de Pascual Madoz[24], y las localidades que comparten el macizo de Sierra Espuña nos presentan a sus lobos: Totana no menciona la existencia de lobos en su término; Aledo[25]dice, hablando de tiempos pasados, que haybastantes lobos que recorren con frecuencia la población de noche, y aún ha sucedido llegar de día hasta las paredes[26]; Mula contesta que hay varios animales dañinos[27], sin especificar nada más; Alhama, por último, sintetiza con acierto el asunto al exponer que de animales dañinos sólo se crían muchas zorras y algunos lobos, pues como las sierras se hallan tan despobladas de árboles y maleza, como pobladas de habitantes, no tienen albergue ni pueden criar los animales mayores[28].

Aparte de las capturas, entre los factores que contribuyeron a eliminar a este animal destacan la destrucción y alteración de su hábitat (el aumento demográfico experimentado en el siglo XVIII sustentado en la colonización de grandes áreas de monte que son puestas en cultivo, le privaba de refugio y presas naturales), y el uso de un nuevo veneno, la estricnina, o nuez vómica, que empleado de forma indiscriminada haría un daño irreparable en la fauna, diezmando las poblaciones de depredadores en general. En una circular de la Mesta[29]se explicaban las ventajas que resultarán al adoptarse el uso de la nuez vómica o almendrilla para envenenar lobos, zorras y otros animales dañinos. En la segunda mitad del siglo XIX encontramos periódicos pagos del ayuntamiento totanero a los farmacéuticos por este concepto[30].

Cuando el cabildo municipal de Totana decide actualizar los premios por la muerte de alimañas en 1882[31], el lobo está ausente[32].

BIBLIOGRAFÍA

GRANDE DEL BRÍO, Ramón (2000): El lobo ibérico. Biología, ecología y comportamiento. Amarú Ediciones, Salamanca.

JIMÉNEZ ALCÁZAR, Juan Francisco (1997): Un concejo de Castilla en la frontera de Granada: Lorca 1460-1521. Universidad de Granada-Ayuntamiento de Lorca.

MADOZ, Pascual (1989): Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España. Región de Murcia. Consejería de Economía, Industria y Comercio. Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (Reedición del original publicado en 1850).

MARTÍNEZ FERNÁNDEZ, Francisco; BALSALOBRE ORTEGA, Manuel (2003): “Una dehesa de yeguas en Sierra Espuña”, Cuadernos de La Santa, 5. Fundación de La Santa, Totana, 178-187.

MÉNDEZ GARCÍA, Francisco (1974): Geografía agraria de Totana, un municipio del valle del Guadalentín. Grafisol, Lorca.

TORRES FONTES, Juan (1988): Estampas medievales. Academia Alfonso X El Sabio (colección Biblioteca murciana de bolsillo, 100). Murcia.

TRISTÁN GARCÍA, Francisco (2000): “’Va el lobo’. Aproximación histórica al depredador en la tierra de Baza en la alta Edad Moderna”, Chrónica Nova, 27, Universidad de Granada, 239-281.

Abreviaturas utilizadas en las notas

AMAledo. Archivo municipal Aledo.

AMAlhama. Archivo municipal Alhama de Murcia.

AMT. Archivo municipal Totana.

NOTAS

[1]Ambas poblaciones fueron una sola villa, es decir, un solo concejo, término y jurisdicción, hasta 1795.

[2]El lobo atacaba a las cabañas ganaderas esporádicamente, a causa del instinto, y en mayor medida, azuzado por el hambre, máxime desde el momento en que aquéllas comenzaron a ocupar su espacio de caza, espantando las presas o siendo éstas cobradas por ganaderos y cazadores. Incluso San Francisco de Asís lo tenía claro en su encuentro con el lobo de Gubio: Hermano lobo, ya que tú quieres hacer y guardar esta paz, yo te prometo hacer que los hombres de esta ciudad te den el sustento, mientras vivas, para que nunca pases hambre; pues bien sé que por causa del hambre has hecho tanto daño (Florecillas de San Francisco de Asís, Editorial Porrúa, 1985, p. 41.

[3]Fecha de inicio del primer libro de cuentas de propios que se conserva en el Archivo Municipal de Totana.

[4]Desde 1628 hasta 1732 tenemos que dar un enorme salto en el vacío pues no se conservan los libros de propios de esa época en el Archivo Municipal de Totana.

[5]1 ducado: 11 reales, 375 maravedíes; 1 real: 34 maravedíes.

[6]En algunas localidades, como Mula o Lorca, los ganaderos debían abonar parte del premio porque la muerte del lobo les beneficiaba directamente. En el caso de Aledo-Totana no tenemos constancia documental de dicha costumbre.

[7]AMT. Acta capitular 13-3-1681.

[8]Reglamento formado para el exterminio de lobos, zorros y animales dañinos (27-1-1788).

[9]Real Cédula de 3-2-1795 por la cual se manda que desde ahora cesen las batidas y monterías que se dispusieron en Real Cédula de 27-1-1788.

[10]AMT. Legajo 1152. Cuentas de propios de 1745-46: Se entregó 144 reales a Andrés de Cánovas Brava para los gastos de pan, vino y aceite para dar de comer a las personas que fueron a la sierra de Espuña a matar y seguir los lobos, por la mucha abundancia que había en la sierra de este término, por los graves daños que causan (…)en los ganados menores y caballerías.

[11]AMT. Acta capitular 16-8-1813.

[12]Masa hecha con algún veneno, vidrio molido, agujas, etc, con la que se hacen bolas para matar perros, ratones, etc (María Moliner, Diccionario de uso del español).

[13]AMT. Legajo 758. Expedientes de ganadería. Años 1580-1819.

[14]AMT. Legajos 610 y 611. Registro de ganado caballar.

[15]AMT. Legajo 611. Año 1762. Registro de yeguas de D. Bartolomé Aledo Coutiño: la yegua llamada Cordobesa de 19 años (…)declaró el mayoral habérsela comido los lobos. Año 1773. Yeguas de D. Bartolomé de Aledo Coutiño: otra yegua llamada Cabrita, de 13 años (…)que en el año anterior se hallaba encubada, declaró dicho mayoral que la cría se la comieron los lobos. Otra yegua llamada Capitana, de 7 años (…)que en el año anterior se hallaba encubada, declaró dicho mayoral que la cría se la comieron los lobos.

[16]Ver F. Martínez y M. Balsalobre: “Una dehesa de yeguas en sierra Espuña”, Cuadernos de la Santa, 5. Totana, 2003.

[17]Recordemos que la pérdida de los libros de propios desde 1628 hasta 1732 nos impide una visión más amplia sobre este particular.

[18]AMAlhama. Cuentas de propios, años 1750-85.

[19]AMT. Acta capitular 24-6-1732.

[20]Casualmente, por estas fechas se demarcaba la dehesa de yeguas en Sierra Espuña (ver F. Martínez y M. Balsalobre, op. cit., 2003, p. 180).

[21]Se conservan las papeletas que libra el mayordomo de propios por valor de 9050 reales (AMT. Legajo 1941. Libramientos del año 1796).

[22]Esta misma tendencia se produjo en todos y cada uno de los ayuntamientos del reino español.

[23]A partir de 1813, cuando el ayuntamiento de Totana solicita hacer una batida de lobos, ya no habrá más alusiones a este animal en las actas capitulares.

[24]Los datos sobre la región de Murcia fueron compilados desde finales de 1843.

[25]Constituido como ayuntamiento independiente de Totana desde 1785.

[26]Diccionario Madoz, 1989, p. 52.

[27]Diccionario Madoz, 1989, p. 120.

[28]Diccionario Madoz, 1989, p. 54.

[29]AMAledo. Circular del Honrado Concejo de la Mesta de 11-VII-1832. Inserta en el acta capitular de 2-9-1832.

[30]AMT. Acta capitular 31-8-1892: Se satisfaga al farmacéutico D. Manuel Serrano la cantidad de 15 pesetas, valor de la estrignina que ha facilitado para la extinción de animales dañinos. La nuez vómica también se utilizó contra perros cimarrones, el sustituto del lobo:Se abonen 15 pesetas a D. Gregorio Crespo, farmacéutico, por 30 gramos de sulfato de estrignina para matar perros vagabundos (AMT. Acta capitular 5-3-1883).

[31]AMT. Acta capitular 4-9-1882: Acuerda que se remuneren con 2 pesetas a todo el que justifique haber muerto una zorra, gato montés o tejón.

[32]Según Méndez García, Geografía agraria de Totana, un municipio del valle del Guadalentín, 1974, p. 301: las últimas capturas de lobos en Totana datan del año 1930, viéndose a partir de este año en contadísimas ocasiones. Desconocemos las fuentes que utilizó dicho autor para hacer tal afirmación.

* En el presente artículo hay dos ilustraciones tomadas de sendas publicaciones: Mª José Conde Verdós, “Los kalathoi sombrero de copa de la necrópolis del Cabecico del Tesoro de Verdolay (Murcia)”, Verdolay, Revista del Museo de Murcia, 2, 1990; Francesco Colonna, Sueño de Polifilo, Galería-Librería Yerba, Comisión de Cultura del Colegio de Aparejadores y Arquitectos técnicos, Murcia 1981.

Los gráficos de este trabajo han sido elaborados por Manuel Balsalobre Ortega. Muchas gracias, amigo.

 

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