Diagnóstico de una especialidad con un futuro prometedor
En octubre de 2009 un grupo de compañeros nos encontramos en Valsaín con un nexo en común: realizar trabajos en altura para tareas de conservación de especies. Era un primer contacto en el que se trató de realizar un análisis de esta actividad dentro del colectivo de “Guardabosques”.
Como casi siempre ni éramos todos los que estábamos, ni estábamos todos los que somos en este mundillo. Concurrieron agentes de nueve administraciones, Andalucía, Aragón, Cantabria, Castilla la Mancha, Castilla y León, Cataluña, Madrid, Murcia y Ministerio de Medio Ambiente Rural y Marino.
La denominación del evento era: Primer encuentro nacional de especialistas en trabajos de conservación de la naturaleza en altura. No se trataba de un curso, ni de un congreso. Era, como su apelativo indica, un encuentro, una reunión entre iguales en la que vernos e intercambiar impresiones. La organización y resultado de la reunión, fueron un claro exponente de la situación de esta actividad dentro del colectivo de guardería, y merece la pena hacer una semblanza de las vicisitudes por las que transcurrió hasta su celebración, y exponer una radiografía de cómo se ve en las diferentes administraciones este trabajo.
Por: Víctor García Matarranz
La convocatoria partía desde la Dirección General de Medio Ambiente y Política Forestal del Ministerio. Como no estaba muy clara la forma de hacer la convocatoria se realizó por varios cauces. Uno oficial, enviando desde el director de este organismo a sus homólogos de las diferentes comunidades el aviso, haciendo que llevara todos los salvoconductos administrativos. Se mandó igualmente una reseña a esta revista, que en su número del verano pasado publicó la nota, y finalmente funcionó el boca a boca, que dado el restringido ámbito en el que nos movemos fue, al fin y a la postre, el más efectivo.
A lo que íbamos. ¿Cómo circula la información por los diferentes canales y qué consecuencias conlleva? En el primer caso, de la dirección a los posibles interesados, casi se podría decir que fue inútil, pero… no, hubo alguien en Cantabria que desmintiendo la norma no sólo hizo llegar la información, sino que impulsó la asistencia de siete Agentes Medioambientales de su comunidad en Valsaín, curiosamente ellos no tenían experiencia en trabajos de este tipo, aunque su asistencia puede tener consecuencias a medio plazo.
El resto de las administraciones dejaron la información ignorada sobre alguna mesa, en algunos casos cuando se pidieron desde “abajo” detalles, desempolvaron el papel y se confirmó que era una reunión oficial. Claramente el tema no despertó ningún interés en las cúpulas administrativas. En Extremadura se impidió expresamente la asistencia de sus Agentes a pesar de que los hay con experiencia en estas lides.
Esto en cuanto a la vía de arriba abajo, ahora vamos a la de abajo a arriba. El anuncio en Guardabosques hizo que hubiera numerosas consultas sobre la reunión. Había bastante confusión sobre si era o no un curso, pero aclarado que no lo era, compañeros de varias comunidades, que finalmente no asistieron, expresaron su interés. Lamentablemente el piélago administrativo se tragó la mayor parte de las buenas intenciones, eso a pesar de que se daba alojamiento gratis a los participantes y de que no se completaron las plazas.
Pero hubo casos heroicos, gente que contra viento y marea tenían un interés claro y no cejaron en su empeño. De los grupos en esta tesitura creo que hay que destacar a los andaluces que superaron todas las trabas administrativas con donaire, y diría más, con bravura.
Hay una situación más que reseñar para, por un lado hacer justicia, y por otro, añadir un matiz importante a la realidad que vive esta actividad. Si por parte de los cargos directivos no se percibió el interés que podía entrañar la reunión, no ocurre lo mismo por parte de los técnicos de conservación. Hubo varios casos en los que desempeñaron un papel importante apoyando la presencia de los agentes en el encuentro, llevando su papel más allá de lo exigible a sus funciones. Aquí hay que mencionar los casos de Segovia y Salamanca.
Resumiendo podemos decir que este encuentro realizó una fotografía de la situación de los trabajos en altura dentro de nuestro colectivo en España. En ella se aprecia que es una actividad extendida a gran parte del territorio, en la que la participa un número importante de compañeros y despierta un gran interés entre individuos y grupos repartidos por todo el país.
Excepto en algunos casos, las direcciones de las administraciones competentes carecen de una idea u objetivo sobre esta actividad, pero si existe la necesidad de realizar estos trabajos y los cuadros técnicos encargados en ellas la perciben claramente.
Normalmente impulsados por iniciativas individuales que se han extendido y en algunos casos han conseguido el apoyo de los cuadro técnicos, se han desarrollado operativos, algunos a nivel de Comunidad Autónoma (Aragón y Cataluña), y en otros a nivel provincial (Salamanca, Segovia, Toledo), en otras zonas comienzan a desarrollarse, (Murcia y Andalucía). Caso aparte el Ministerio donde estos trabajos están recogidos explícitamente en la RPT dentro de las funciones de los Ayudantes Técnicos de vida Silvestre.
Que un miembro de este colectivo se suba a un nido en un árbol o baje por un cortado no sorprende a nadie. La pasión por la naturaleza es uno de los móviles más importantes que atrae a la profesión, y la afición a la escalada o la espeleología está muy extendida entre sus componentes. La otra vertiente que hace perder el miedo a la altura es la fascinación por las rapaces.
Con estos dos banderines de enganche, el de los adictos a la adrenalina y el de los pajareros impenitentes, las filas de los posibles voluntarios están bien nutridas. La cuestión que palpita detrás de todo el tema de los trabajos en altura desarrollados por la guardería, es si debemos ser nosotros quienes los realicemos o no.
Si la conservación de los recursos naturales está encomendada por la sociedad a los departamentos a los que pertenecemos, y si en esa tarea es preciso realizar actividades en altura, han de ser estos departamentos quienes se encarguen de que se ejecuten. Por vocación, por recursos humanos, por ubicación en el medio e implicación en el trabajo, la guardería está no solo capacitada sino que debería ser la encargada de llevarlos a cabo, máxime cuando de algunas de las actuaciones se pueden desprender consecuencias jurídicas que requieran la presencia de agentes de la autoridad para su ejecución.
Se da el caso de que en ocasiones se recurre a otros colectivos, Guardia Civil, bomberos, para realizar algunas actuaciones en altura. Bienvenida sea toda la ayuda, pero lo lógico es que cada departamento cuente con medios propios para desarrollar sus funciones, sin menoscabo de colaboraciones puntuales cuando sean necesarias.
Por otro lado los trabajos en altura para conservación, tienen en sí mismos la suficiente complejidad para hacer necesaria la preparación especializada de personal, diferente a los grupos de rescate que tienen otros cometidos distintos y con características bien definidas. No sólo se trata de tener formado a personal capaz de progresar por una pared vertical o extraplomada con seguridad, sino que con esa misma seguridad, sepa manejar las especies protegidas que pueden morir si se manipulan incorrectamente.
Los cursos que se imparten actualmente contemplan estos aspectos más la toma de muestras, aspectos biológicos y veterinarios, autorescate y manejo de heridos hasta la llegada de personal médico en posibles casos de accidente. Acerca de la especificidad de los trabajos de conservación en altura, hay que considerar que otras actividades parecidas, escalada, espeleología, trabajos verticales o poda en silvicultura, tienen matices muy diferentes.
Los inicios
Los trabajos verticales han impulsado el desarrollo de equipos más seguros que la escalada y la espeleología que debido a su carácter deportivo priman la ligereza y la agilidad. Lo mismo se puede decir de los equipos que se van incorporando entre los trabajos de poda en árboles ornamentales. De todas estas disciplinas se están tomando elementos que mejoran la seguridad en nuestro campo. Poco tiene que ver el equipo de trabajo actual con el que se usaba hace 20 años, y sin embargo esto aún no se ha generalizado. Conviene volver la vista atrás y ver cuál ha sido el desarrollo de estos trabajos.
Sería pretencioso tratar de hablar de los inicios de los trabajos en altura para la conservación. Posiblemente subir a nidos para manejar especies ahora protegidas es tan viejo como el mundo, y hablar de ello dentro del trabajo de la guardería, poniendo una fecha, es hacer poca justicia a algunos pioneros que no por desconocidos dejan de tener todo su mérito.
Centrándonos en la conservación de rapaces, que como ya se ha dicho no es el único campo de actuación pero sí el más amplio, pongamos un punto de partida “oficial” y que me perdonen aquellos que con antelación estuvieron jugándose el tipo y ahora ni se les menciona.
En 1966 se excluye en la Orden de vedas al águila imperial y al quebrantahuesos, en la Ley de Caza del 70 quedan excluidas las rapaces como especies cinegéticas y en el 73 a través de un real decreto se les da un régimen de protección especial. Sería en esta década, la de los setenta, cuando comenzaron a manipularse pollos en nidos de águila imperial. En estas tareas colabora la guardería pero todavía sin realizar directamente el trabajo en altura, (me ilusionaría que alguien me desmintiera y comentase sus experiencias de entonces).
En los 80 se inician los programas de conservación de especies y también una amplia gama de estudios en los que ya si se incorporan Agentes Forestales como escaladores.
En 1981 Paco Robles entró a trabajar en el equipo de conservación del Parque Nacional de Doñana, entre otras cosas su trabajo consistía en subir a los nidos para anillar a los pollos y recoger muestras. Es, tal vez, el decano de la guardería en este campo.
Fueron, en general, inicios en los que cada uno utilizaba su material. Los escaladores con sus cuerdas dinámicas y los ochos, los espeleólogos con las cuerdas estáticas y sus descensores y en otros sitios recurriendo a los pinchos de piñero y tira para arriba. Era el búscate la vida como puedas. Había mucha buena voluntad y ganas. Tantas que no es escatimaban horas ni sudores. Los nidos artificiales se hacían con ferralla “confiscada” con alevosía y nocturnidad en obras cercanas y los amigos eran colaboradores desinteresados.
Fue la época heroica de estos trabajos, en ella primaba la voluntad personal frente a la indiferencia, cuando no la suspicacia, de los cuadros directivos. Las actuaciones costaban dinero a los propios funcionarios y la satisfacción personal era la mayor gratificación.
Con la llegada de los fondos europeos y los proyectos Life se produjo un cambio en la consideración de los trabajos de conservación de especies que pasaron de ser algo marginal, cuando no territorio de elementos sospechosos, a una actividad financiada, y eso en nuestra sociedad es sinónimo de importante y necesario.
Los planes de conservación llevaban implícitos el manejo de ejemplares y como corolario los trabajos en altura que, en ocasiones, son la puerta obligatoria para desarrollar algunas facetas de los planes. Pongamos por caso que para conocer la dispersión de los pollos de águila imperial, era preciso colocarles emisores y para eso había que subir a los nidos. Actualmente se pueden usar otros métodos, pero esa es otra guerra.
En los 90 se efectuaron estudios con diferentes especies y por amplias zonas del territorio nacional. Las actuaciones en trabajos de altura se hicieron habituales y comenzaron a tomarse en consideración como parte del trabajo. Podemos llamar a este momento el del reconocimiento. Se pasa del equipo particular a la provisión de material oficial. Las horas de trabajo se reconocen como parte de la actividad profesional y hasta se deja tiempo específicamente para desarrollarlo. En Extremadura por ejemplo, se intentó crear un equipo de especialistas que durante un tiempo realizaron trabajos encomiables.
Un tercer escalón es el que se está dando actualmente. Se está produciendo una consolidación de los trabajos en altura para la conservación como parte del trabajo del colectivo, más allá de las excepciones particulares y de las iniciativas individuales. Ya se reconoce la necesidad de llevarlos a cabo y se establecen cauces para que sea la propia guardería quien los ejecute, dotándose la Administración competente en conservación de las herramientas para ejecutar este cometido.
Se han establecido dotaciones de personal para los equipos, con un mínimo por zona que nunca debe ser inferior a tres personas. Se hace una previsión de material especializado y se plantean cursos y actividades formativas, además se efectúan entrenamientos periódicos para mantener la capacidad de trabajo de los miembros.
Aunque la evolución no tiene porque ser tal y como se ha comentado, es interesante reseñar como en la mayor parte de los casos se han dado estas tres etapas o épocas, la heroica, el reconocimiento y la consolidación. El tiempo nos dirá en qué consiste la siguiente.
Especialización
Llevar a cabo trabajos de manejo de fauna requiere experiencia y el conocimiento de técnicas específicas. Desarrollar la actividad a buena altura del suelo, desplazándose en este medio exige que quien lo haga tenga una preparación exhaustiva.
Los departamentos de evaluación de riesgos laborales deben emitir su dictamen respecto a los sistemas de seguridad aplicables. Tanto en idoneidad física, como en equipo material y formación necesaria. Finalmente el que se trate de un trabajo puntual, con un volumen de actividad reducida en el tiempo pero muy intensa y concentrada en unos meses del año, al menos en su parte de manejo, hace que el número de personas que lo realizan sea pequeño. Pocas personas muy bien formadas y equipadas, es decir especialistas. Se trata de personas a las que se requiere para la aplicación de técnicas que no son exigibles nivel general, pero que desarrollan su actividad habitual dentro del colectivo cuando no están efectuando actuaciones de su ámbito específico.
Por otro lado la labor de los especialistas es un complemento puntual a la de quienes están día a día controlando las poblaciones, personas que hay que considerar parte del equipo durante las actuaciones y que son quienes van a pedir la presencia de los especialistas y les van a indicar el trabajo a realizar.
El tema de los especialistas es controvertido, tanto que hay administraciones que optan por eliminarlo, Extremadura por ejemplo. No se trata aquí de analizar esta cuestión que requeriría un estudio propio. Los trabajos en altura precisan especialistas, eso es evidente, y la tentación de las administraciones que prefieren evitarse problemas es la de encargarlos a empresas (privadas o semipúblicas). Es evidente también que en los trabajos que implican manejo de especies amenazadas, debe de haber un representante de la Administración que controle que la actividad se ajuste a la normativa vigente, y en algunos casos, como los ya mencionados de aquellos en los que se puedan derivar efectos jurídicos, (venenos sin ir más lejos) la presencia de los Agentes de la autoridad es preceptiva.
Por lo tanto ya tenemos al Agente en el lugar de trabajo, que sea uno y esté controlando o que sea un equipo y lo lleve a cabo directamente es una decisión a adoptar. De ninguna manera se trata de ejercer la exclusividad en el manejo de las especies amenazadas en altura, sería absurdo, sino de estar preparados para llevarlo a cabo.
Asumir funciones, y mucho más, cuando como estas están tan cerca de nuestra actividad, es una forma de crecer, delegarlas es disminuir. El caso de Cataluña, donde lo han asumido como una función más a desarrollar, y tienen una visión estratégica de este tema, tomándolo como un campo en el que se puede crecer, ofrece un buen ejemplo.
CONCLUSIONES DEL PRIMER ENCUENTRO NACIONAL DE ESPECILISTAS EN TRABAJOS EN ALTURA PARA LA CONSERVACIÓN DE LA NATURALEZA
-Constatación de la existencia de una larga experiencia en trabajos de altura para la Conservación del Medio Natural por parte de Agentes de los diferentes Departamentos de Medio Natural de las CC.AA. y del Ministerio
-Obligación por parte de las Administraciones de dar respuesta a las necesidades de conservación que precisan realizar este tipo de actuaciones.
-En aquellos trabajos de altura de los que se puedan derivar consecuencias jurídicas es imprescindible la presencia de Agentes de la Autoridad.
-Dotar a este personal de la formación técnica que le permita trabajar con seguridad en el medio vertical, así como de los conocimientos precisos para la realización de las actividades de su competencia en el mismo. Esta formación debe ser homologada, continuada y seguida de prácticas regulares.
-La realización de estos servicios precisa de una dotación de medios y de material específico actualizado.
-Estas actuaciones deben apoyarse en la colaboración activa del resto de Agentes y personal implicados en las labores de Conservación del Medio Natural.
-Reconocimiento de estas labores a nivel profesional.
-Realización de una Evaluación de Riesgos Laborales.
-Divulgación de estas actuaciones.
-Programación de encuentros de profesionales de las distintas Administraciones para puestas en común y posible unificación de experiencias, formación, técnicas de actuación y determinación de protocolos normalizados de trabajo.













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